Por mucho tiempo le he dado vuelta a la frase “la vida nos pone a prueba”. Es una frase que escuchamos a diario, una respuesta clásica a típicamente experiencias duras que se nos presentan en la vida.

Hoy me senté a cuestionarme la profundidad de esta afirmación (“la vida me pone a prueba” o “Dios me pone a prueba”), y desgranar las creencias que la sostienen para analizarla juntos.

La mayoría de las veces (sino siempre) el concepto de “prueba” lo utilizamos asociado a experiencias de “complejidad”, “desafío”, “dificultad”, “dolor”, etc. Porque “prueba” y “difícil” van juntos, sino no sería una prueba.

Primero que todo, independiente si es “Dios” o la “Vida”, nos estamos refiriendo a un “Otro”. Algo separado de nosotros mismos que “te está poniendo a prueba”. 

Luego, lógico sería preguntarnos ¿Qué o Quién es aquel que me pone a prueba? Y ¿Bajo qué criterio soy puesto a prueba y para qué fines? 

Para responder a esto último y hacernos una idea generalizada de cómo son las pruebas que se presentan en tu vida, tendríamos que preguntarle a quién crea tu realidad en todo momento: tú mismo. Tendríamos que conocer tus creencias. 

Si tú creencia es que eso “superior” es benevolente (digamos Vida/Dios basado en el Amor), entonces tus “pruebas” serán mucho más amorosas. Versus si tus creencias de que eso “superior” es más castigador o basado en el “sufrimiento”.

Las pruebas muchas veces tienen un propósito que dependen de lo que creas, como por ejemplo  para… “hacerte crecer”, “hacerte más fuerte”, “más sabio”, “tener más fe”… (rellena la oración). 

Ya que hay quienes viven experiencias duras, pero jamás las consideran “pruebas”, sino “experiencias”. Connotaciones diferentes de cómo cada uno se construye en este mundo. 

Debido a que no decimos “me he puesto a prueba”, sino que la afirmación es que “La Vida/Dios me pone a prueba” lleva intrínsecamente la creencia de que hay un algo/alguien separado de ti que tiene poder sobre tu vida.

Estás dándole el poder de tu vida a algo separado de ti. 

Al mismo tiempo, el concepto de “prueba” revela montones de otras creencias asociadas.

Una breve búsqueda en Google sobre las frases relacionadas a las pruebas me arrojó los siguientes resultados: 

  • “Esta es una prueba para hacerte más fuerte”
  • “Esta es una prueba que te manda Dios para probar tu fe”
  • “Esta es una prueba para crecer”
  • “Esta es una prueba para sacar lo mejor de ti”
  • “A veces la vida te pone a prueba para ver si eres lo suficientemente fuerte para seguir adelante”
  • “La vida pone las pruebas más difíciles a los mejores guerreros” 
  • Entre otros.

Es más, muchas veces enaltecemos a otros por las “pruebas” que ha pasado. ¡Qué gran prueba te ha enviado Dios! (Refiriéndonos a alguna experiencia negativa tormentosa), pero rara vez preguntamos ¿porqué te has probado a ti mismo de esa manera? 

“Un Amigo mío, extremadamente Cristiano me contó como una noche, mirando al cielo le pidió a Dios que estaba dispuesto a lo que fuera para probar su fe y que si debía sufrir más que cualquier otro, estaba dispuesto… me contó como el cielo pareció detenerse y algo ocurrió… Los siguientes 2 años fueron de la más extrema tortura en donde casi perdió su vida. Con el tiempo entendió lo que había pedido y porqué”. 

Así de poderosas son nuestras creencias que movilizan nuestras acciones. 

Retomando tu poder

La idea es hacerte una invitación a observar si esta es una frase que utilizas en tu vida, cuándo y porqué. Observa tus creencias asociadas. ¿Cuándo has sentido que la vida te ha puesto a prueba? ¿Han sido pruebas “difíciles” o “maravillosas”? 

Luego, te invito a cambiar la forma en que piensas las pruebas. En vez de pensar “la Vida/Dios me pone a prueba” di “yo me pongo a prueba” y observa qué sucede. Luego, pregúntate ¿porqué me pongo a prueba? ¿Qué es lo que tengo que probar y para quién?

Una vez que sepas porqué tienes que probarte y qué es lo que realmente estás buscando (que generalmente es saberte capaz de algo que quizás dudas, tal como conocer tu carácter, ser diferente a quien eres, saberte más fuerte, con más voluntad, etc) pregúntate si puedes conseguir todo esto desde una perspectiva diferente a las “pruebas de la vida”. 

Por ejemplo: 

¿Puedo saberme inteligente, bondadoso/a, generoso/a, fuerte, decidido, comprometido/a, etc sin tener que probarme?

Las pruebas emergen en nuestra vida cuando “no sabemos algún aspecto de nosotros mismos”.

Nos probamos a nosotros mismos ya sea porque:

  1. Debemos probarle a un otro (creencia de que debo probarle a “Vida/Dios” que puedo, mi fe, mi compromiso, mi fortaleza, etc).
  2. No hemos visto en nosotros algún aspecto de nosotros mismos que requiere de alguna experiencia o circunstancia para vernos/conocernos en esas circunstancias. 

Ejemplo: Pruebo mi voluntad de tentación ante un chocolate que me encanta y digo “no” (soy testigo de mi voluntad). Pruebo mi capacidad de tolerancia creando alguna circunstancia incómoda que “pruebe” mi paciencia (soy testigo de cuánta tolerancia poseo), etc. 

Muchas veces en circunstancias externas aparecen aspectos de nosotros que no conocíamos. Hay quienes pueden referirse a estas como “pruebas” mientras otras personas simplemente  le dirán “experiencias”.

Mi invitación hoy, después haber comprendido más la profundidad de estas ideas, es que contemples las siguientes preguntas:

¿Cómo sería mi vida si no hubiese algo externo a mí que me “prueba”? ¿Cuándo y porqué me pongo a prueba? Y ¿Qué ideas tendría que tener sobre mí mismo y el mundo para que el concepto de “prueba” no fuese necesario? ¿Cómo cambiaría el mundo para mi? 

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